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Investigación Documental sobre la Virgen de Guadalupe

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El Guadalupanismo en México (1a. Parte)

*La devoción guadalupana durante la época Virreinal (1531-1810)
*La Virgen de Guadalupe en la Guerra de Independencia de México




Un aspecto que no hay que descuidar, en el fenómeno guadalupano, es el papel y características que ha tenido la devoción a Nuestra Señora de Guadalupe a lo largo de la Historia de México.
La "Historia Oficial" que aprendemos los mexicanos en la escuela, suele dividir a la Historia de México en etapas, y casi siempre son: México Prehispánico, La Conquista, La Colonia, La Independencia, México Independiente, La Reforma, Triunfo de la República, El Porfiriato, La Revolución y México Contemporáneo.

Nótese que las apariciones guadalupanas de 1531 ocurrieron en la tercera de esas etapas: la Colonia. El periodo colonial y virreinal fue un largo lapso de 300 años (1521-1821), en el cual México estuvo gobernado por España a través de Audiencias y Virreyes. Desde ahí tenemos que estudiar la devoción guadalupana.

En la Guerra de Independencia (1810-1821), también encontramos manifestaciones de guadalupanismo, que vamos a comentar empezando por su iniciador, el cura Hidalgo, y su consumador, Agustín de Iturbide.

México Independiente es el periodo que comprende de 1821 a 1857, inicia con el Primer Imperio Mexicano dirigido por Agustín de Iturbide, posteriormente se proclama la República y la Constitución de 1824, los sucesivos gobiernos del gral. Santa Anna, la Independencia de Texas, la Guerra de los Pasteles, la Invasión Norteamericana, y finalmente, las pugnas por el poder entre el partido liberal y el partido conservador.

La Reforma (1857-1860) que fue una Guerra civil entre liberales y conservadores, culminó con el triunfo de los primeros, y en ella podemos observar reacción del gobierno en contra del clero y con él del guadalupanismo mexicano.

El Triunfo de la República (1860-1880), hace alusión a la guerra entre Francia y México (1862-1867), la retirada de los invasores franceses y el gobierno de Juárez, a quien sucedió Porfirio Díaz.

El Porfiriato (1880-1910) El general Díaz gobernó México durante 30 años, durante el cual aumentó el desarrollo industrial e infraestructural de México, pero también el abismo entre las clases ricas y las proletarias, preparando con ello una situación que haría estallar la Revolución de 1910.

La Revolución Mexicana (1910-1928) La sublevación que quitó a Díaz del poder se convirtió en una serie de luchas entre caudillos revolucionarios. Aquí encontramos manifestaciones opuestas entre el gobierno anticatólico y la masa del pueblo mexicano, profundamente católica. Es interesante estudiar el papel de la Virgen de Guadalupe en este periodo, especialmente desde 1917 hasta 1940. Culmina cuando a raíz del asesinato del gral. Obregón, se declara el fin de la época de los caudillos, y el inicio de las instituciones políticas.

México Contemporáneo (1928-nuestros días) Aunque el conflicto gobierno-iglesia se extiende hasta 1940, desde 1928 podemos considerar un México contemporáneo, donde se asientan las estructuras políticas que hoy nos rigen. El guadalupanismo cobra nueva fuerza, alegrada con las visitas del Papa Juan Pablo II a México, y que alcanzan su punto máximo con la canonización del vidente San Juan Diego en 2002.




Devoción durante el Virreinato

Escudo de los Reyes Católicos:
"Tanto monta, monta tanto, Isabel como Fernando"


-El primer siglo guadalupano:

Ocurridas las Apariciones Guadalupanas en los primeros días de Diciembre de 1531, la tilma milagrosamente estampada fue por el momento colocada en el oratorio privado de Fray Juan de Zumárraga, donde recibió los primeros homenajes.
La noticia del milagro guadalupano se extendió con increíble rapidez entre indios y españoles, despertando un entusiasmo enorme. El 26 de diciembre del mismo año de 1531 la imagen fue trasladada a la primera ermita del Tepeyac, una construcción muy modesta mandada hacer por el arzobispo Zumárraga.

En esta procesión participaron el arzobispo y los principales eclesiásticos, el Márques de Oaxaca y conquistador de México Hernán Cortés, y Sebastián Ramírez de Fuenleal. Ahí ocurrió el segundo milagro por intercesión de la Guadalupana; pues simulando un combate entre indios, uno de ellos fue alcanzado por una flecha y murió. Fue llevado a los pies de la santa imagen y recobró la vida. -Ya antes, como se lee en el Nican Mopohua, la Virgen había obrado otro milagro, la curación de Juan Bernardino-.
Esta procesión y el milagro del indio resucitado están consignados en el Nican Motecpana. No ha faltado quien desmienta a ambos hechos, especialmente el ya conocido Joaquín García Icazbalceta, aunque con razones discutibles.

Ya en el capítulo correspondiente al primer siglo de culto guadalupano hemos adelantado un poco de este tema; pero como aquel estudio sólo llega hasta los años anteriores a 1648, aquí se estudiará también lo que ocurrió después.

En 1556 la devoción guadalupana ya estaba sumamente extendida en la ciudad de México y en otras regiones recién colonizadas. Inclusive, según las Informaciones de 1556, hubo diferencias entre el provincial franciscano Francisco de Bustamante, y el arzobispo Alonso de Montúfar, por la cuestión del culto guadalupano. Esas Informaciones ilustran el fervor guadalupano de mediados del siglo XVI.

Un asunto de suma importancia en este apartado es la redacción del Nican Mopohua, el relato más antiguo sobre las Apariciones, escrito por 1555-56 por Antonio Valeriano, discípulo de Fray Bernardino de Sahagún y quien, con su documento, proporciona la principal fuente histórica de que se basan los demás autores guadalupanos.

Contamos con testimonios históricos del culto guadalupano en el artículo ya citado; y especialmente a principios del siglo XVII, cuando se erigió un templo grande y formal en el Tepeyac por el arzobispo don Juan De la Serna.
Otra muestra de la devoción novohispana por la Guadalupana está en el traslado de la imagen del Tepeyac a la Catedral, con motivo de la inundación de la ciudad de México. La imagen fue llevada en 1629 a la Catedral, y en 1634 regresó al Tepeyac. Tanto en la ida como en el regreso fue aclamada por toda la ciudad y se le compusieron unas Coplas que afirman su caracter milagroso.


-Tres "evangelistas" guadalupanos:

Miguel Sánchez: En 1648 se publicó un libro titulado Imagen de la Virgen María Madre de Dios Guadalupe. El autor era el presbítero Miguel Sánchez. En ese libro describe la Aparición y exalta a la Virgen de Guadalupe en un lenguaje barroco, pesado y criollo. Aquí introduce la idea (próxima a la Teología), de que la Guadalupana corresponde a la visión que tuvo San Juan en Patmos, descrita en el capítulo 12 del Apocalipsis.
El libro de Sánchez desató una ola de fervor guadalupano que hasta hoy continúa. Es tan notorio ese fervor, que a lo largo de los siglos posteriores, muchos han impugnado las apariciones alegando que fue Sánchez, en 1648, quien inventó la historia de las apariciones y que se le creyó sin mayor dificultad.
Es cierto que hubo nuevos aires guadalupanos con la publicación de Sánchez, pero ya antes había habido entusiastas manifestaciones de devoción guadalupana cuando la imagen estuvo en la Catedral. También es cierto que la difusión de la tradición cobró fuerza a partir de Sánchez, pero ya existía antes, pues Valeriano había escrito desde mediados del siglo pasado; sencillamente el Nican Mopohua había estado inédito, y Sánchez lo rescató y lo tomó de base para su escrito. [1]

La novedad publicada por Sánchez era esa imagen de Apocalipsis 12, y al afirmar que la Aparición Guadalupana era nada menos que el cumplimiento de una profecía apocalíptica, a fortiori tenía que provocar sensación entre los novohispanos. Esa es la razón del éxito de Sánchez.

Luis Lasso de la Vega: Cuando se publicó la obra de Sánchez, el capellán de la ermita del Tepeyac era el bachiller D. Luis Lasso de la Vega, quien escribió a Sánchez una carta en la que declara que él y sus antecesores habían sido "Adanes dormidos poseyendo a esta segunda Eva sin saberlo". De ahí concluyen impugnadores como Icazbalceta, que antes de Sánchez se ignoraba por completo la aparición, puesto que Lasso confiesa su ignorancia. Pero en su carta, Lasso demuestra que sí conocía la historia de las apariciones, y lo que ignoraba era esa "profecía cumplida" dibujada por Sánchez. [2]

Lasso de la Vega publicó a su vez un escrito llamado In Huey Tlamahuizoltica (El Gran Acontecimiento), en 1649; ese libro contiene juntamente el Nican Mopohua, de Valeriano, y el Nican Motecpana de Fernando de Alva Ixtlilxóchitl, con introducción, comentarios y conclusión de Lasso de la Vega. La historia de las apariciones empieza a difundirse ampliamente entre los españoles; entre los indios, en cambio, ya era conocida desde el mismo 1531, como vamos a comentar un poco más adelante.

El In Huey Tlamahuizoltica, como puede verse, es un libro importantísimo en la Historia Guadalupana, pues sería la primera impresión del Nican Mopohua. Como Lasso dice en el Prólogo que él está escribiendo el libro, muchos investigadores han concluido que el autor del Nican Mopohua es Lasso y no Valeriano.
Este asunto ha sido tratado muchas veces, y finalmente, el dr. Miguel León-Portilla ha afirmado la autoría de Antonio Valeriano, basado en el texto náhuatl y en expresiones del náhuatl clásico que sólo un indio letrado como Valeriano podía conocer, mucho mejor que un criollo de casi un siglo después.

Luis Becerra Tanco: El tercer "evangelista" guadalupano fue el p. Luis Becerra Tanco, sacerdote, físico, químico, matemático, políglota, en fin, un científico sobrio y analítico. En 1666 publicó el Origen milagroso del santuario de Nuestra Señora de Guadalupe de México, y posteriormente en 1675 se publicó su segunda obra, Felicidad de México, ya muerto él. En ambas obras hace un relato de las apariciones, y lo trata con interés científico, esto es, analizando los fundamentos históricos de la aparición y el culto, quejándose de la escasez de documentos, y además criticando levemente las desbordantes teorías de Miguel Sánchez.
Sus obras, por los detalles que aportan y el carácter investigativo, son importantes e innovadoras. Puede decirse que él es el primer investigador documental guadalupano; y otro mérito suyo es el de ser, tal vez también el primero en observar y describir con interés científico a la imagen estampada en la tilma, haciendo comentarios de cómo se estampó la imagen en base a los dobleces, la luz del sol, la posición de Juan Diego y de la Virgen, etc.

Probablemente, repito, Becerra Tanco tenga el mérito de ser el primero que buscó dar sustento histórico y científico a las Apariciones Guadalupanas y a la imagen milagrosa. En eso estoy de acuerdo con Francisco de la Maza.


-Las Informaciones de 1666:

Aunque las Informaciones a las que se hace referencia merecen un capítulo aparte, aquí sólo haré una breve exposición sobre las mismas.
Las Informaciones tienen su origen en las intenciones del canónigo Francisco Siles de informar a Roma del milagro guadalupano, solicitando Misa y Oficio propios. Cuando la Sagrada Congregación de Ritos recibió la petición, respondió que necesitaba informaciones en regla, y que enviaría un cuestionario.
En lo que llegaba el cuestionario, Siles empezó por su cuenta, con autorización y aval del Cabildo Metropolitano, a recabar información.

Para esto interrogó a indios de Cuautitlán y a personajes de la ciudad de México, entre ellos Miguel Sánchez y Luis Becerra Tanco; haciéndoles preguntas sobre la historicidad de las apariciones, la existencia de devoción guadalupana a lo largo del siglo transcurrido, y de la vida y persona del vidente Juan Diego.
Se reunieron los documentos con la información y se enviaron a Roma, donde Mons. Anastasio Nicoselli sacó copia de las mismas. El problema fue que después de ésto, hubo algunas confusiones y por el momento no se supo si la Congregación estaba estudiando las Informaciones, porque hubo cambio de Papas a la muerte de Alejandro VII, sustituido por Clemente IX, quien había expresado reiteradamente que no era partidario de autorizar nuevas advocaciones, como era la Guadalupana.
Fue poco lo que pudo insistir Siles, y todo se le complicó cuando también Clemente IX falleció y la Congregación posponía las peticiones como la suya. El propio Siles falleció en 1670 sin ver coronados sus esfuerzos. No hubo quien le sucediera en su interés, y por el momento el asunto estaba detenido.


-Las Informaciones de 1723:

Muerto Siles, nadie se preocupó de dar seguimiento al proceso de 1666. De hecho los mismos originales de las Informaciones se perdieron, y durante siglos no se supo donde estaban, hasta que en 2001 los descubrió Mons. Eduardo Chávez Sánchez.
Sólo hubo interés por parte del Bachiller Joseph de Lizardi y Valle, clérigo del arzobispado de México y tesorero del Santuario de Guadalupe, quien, habiendo descubierto unos testimoniales de las Informaciones de 1666 en el archivo arzobispal, en 1721 dirigió un memorial al arzobispo D. José de Lanciego y Eguilaz, donde solicita se levanten nuevas informaciones.
Ni Lizardi ni nadie más sabía dónde habían ido a dar los originales de las Informaciones, ni tampoco los motivos por los que la Santa Sede sencillamente no había hablado del asunto. Así que Lizardi, con la autorización del Arzobispo, redactó un cuestionario copiado del que había hecho Siles.
Extrañamente sus testigos sólo fueron dos: fray Margil de Jesús y el dr. Rodrigo García Flores de Valdés, deán de la ciudad de México. Hubo mucho papeleo y dificultades para Lizardi, quien también solicitaba nuevos exámenes científicos a la imagen, pero simplemente las cosas marchaban muy lentamente, y en 1728 las Informaciones se suspendieron definitivamente al morir el arzobispo Lanciego y Eguilaz. Su sucesor, Juan Antonio de Vizarrón y Eguiarreta llegó en 1730 y duró hasta 1747, pero durante su periodo no se avanzó nada.
Hasta 1749 comenzó su periodo el arzobispo Manuel Rubio y Salinas, y Lizardi volvió a dirigirse a él, solicitando se reanudara el proceso de 1723. Los problemas fueron burocráticos, pues los comisionados de 1723 ya habían fallecido, y los nuevos que se nombraron hasta 1752 nunca hicieron nada: las Informaciones de 1723 quedaron truncas y jamás se concluyeron.
No obstante, las gestiones de Lizardi tuvieron efecto en 1751, cuando, gracias a su insistencia, fue examinada la imagen por el equipo dirigido por Miguel Cabrera.


-Los exámenes al Ayate Guadalupano:

Ya hemos expuesto más extensamente sobre ellos en un capítulo específico. En 1666, durante el proceso de las Informaciones, se realizaron también exámenes científicos al ayate guadalupano, por un grupo de los mejores pintores de la Nueva España y por los miembros del Protomedicato. Más adelante, en 1751 y 1786, Miguel Cabrera y José Ignacio Bartolache realizarán también este tipo de estudios.
Los estudios hechos en 1666 fueron enviados a Roma junto con las Informaciones, y las declaraciones de los artistas y los protomédicos están contenidas en el mismo documento de las Informaciones.


-Los Patronatos Guadalupanos:

Una desgracia iba a conseguir lo que Siles y Lizardi nunca consiguieron. A finales de Agosto de 1736, en una fábrica de lana ubicada en Tlacopan (Tacuba), los obreros empezaron a sentir los primeros síntomas de una terrible peste (Matlazáhuatl), probablemente por consumir aguardiente intoxicado.
La peste se extendió rápida y mortalmente sobre toda la Nueva España, y Cayetano Cabrera y Quintero cifra las pérdidas de vidas en 40,157 personas en la ciudad de México, y 192,364 en las provincias del Virreinato.
Buscando ayuda del cielo para semejante epidemia, el cabildo secular de la ciudad de México sugirió jurar a la Virgen de Guadalupe por patrona de la Ciudad de México. Así, el 27 de abril de 1737 el Ayuntamiento y el Cabildo de la Catedral juraron ante el Arzobispo-Virrey Vizarrón y Eguiarreta a la Guadalupana como patrona de la capital del Virreinato, haciendo también voto solemne de pedir a Roma confirmación de la festividad del 12 de diciembre, del Patronato, y Misa y Oficio propios. Lo que se pidió en las Informaciones de 1666 se hace voto de volverlo a pedir.

Y casi de inmediato, jurado el Patronato, la peste cesó y los hospitales reportaron que ya no se recibían nuevos casos. Esto fue señal celeste para los novohispanos, quienes hicieron festejos inmensos, sobre todo en la capital, donde se adornó la Catedral y se mandó colocar una estrella de luz artificial en el Tepeyac. El domingo 26 de mayo se leyó en la Catedral el edicto mediante el cual se declaraba a la Virgen de Guadalupe patrona de la Ciudad de México.

El Patronato Nacional.- Luego del Patronato Particular, sobre la capital, los comisarios del Ayuntamiento capitalino pensaron extender el patronato a toda la Nueva España, y para eso enviaron cartas a todas las ciudades, pueblos y villas, hasta los lugares más recónditos. Se les explicaba a los cabildos y encargados lo que había ocurrido en la capital, y se les solicitaba poder y autorización para proclamar a la Virgen de Guadalupe Patrona de todo el Virreinato.
Hasta noviembre de 1746 se tuvieron todos los poderes, debido a la lentitud de las comunicaciones en aquel tiempo, y el arzobispo Vizarrón y Eguiarreta señaló el 12 de diciembre de ese mismo año como fecha para promulgar el Patronato.

Debido al luto guardado por la muerte del rey Felipe V, y a que el arzobispo Vizarrón ya estaba muy anciano y enfermo y temía fallecer antes del Juramento, la Jura se realizó en el Palacio Arzobispal el 4 de diciembre, ante los comisarios de los cabildos seculares y el Deán de la Real Audiencia. Esa jura del patronato nacional se cumplió el 7 de enero de 1747, con un edicto del arzobispo Vizarrón declarando día festivo y de precepto el 12 de Diciembre de cada año. Unos días después, el 25 de enero, el arzobispo falleció, habiendo presidido los Patronatos Particular y Nacional.


-Roma concede el Oficio y la Misa:

La Guadalupana ya era Patrona de la Nueva España, pero aun no tenía la confirmación apostólica de la Santa Sede ni la Misa y Oficio propios. En 1750 los comisarios de la Junta Nacional acordaron cumplir el juramento que habían hecho en 1737, y pidieron al nuevo arzobispo, Manuel Rubio y Salinas, ayuda para elevar la súplica al Papa y a la Sagrada Congregación de Ritos.
El arzobispo se dedicó a preparar una serie de documentos para la Congregación, entre ellos los Autos de la Jura Nacional, añadiendo que se debían complementar con unas Informaciones enviadas en 1666 a Roma, mandó también una súplica del rey Fernando VI en que se pedía que el Santuario del Tepeyac fuera declarado Colegiata, además de la investigación pericial realizada por Cabrera y sus pintores en 1751.

Por fin, con toda esta documentación, fue comisionado el jesuita Juan Francisco López para llevarla a Roma y tramitar ante la Santa Sede la concesión de la Misa y el Oficio. En abril de 1752 López zarpó rumbo a Europa. Antes de ir a Roma pasó por Madrid, donde recabó más súplicas, entre ellas una del propio rey Fernando VI sobre la confirmación del Patronato.
En Roma se presentó ante la Congregación de Ritos, sólo para toparse con que la Congregación no sabía nada de ningunas Informaciones ni de ningunas peticiones anteriores; sin embargo, impresionado por el relato de las Apariciones, el Papa Benedicto XIV giró instrucciones de dar preferencia a la solicitud de López y le dio todas las facilidades para que lo visitara personalmente.
Sin embargo, unos días después, el Secretario de la Congregación de Ritos informó al p. López que no tenían ni las Informaciones ni las peticiones anteriores, y que no se podía expedir ningún decreto autorizando el rezo litúrgico del Oficio. A instancias del p. López se volvieron a revisar los archivos de la Congregación, y no se encontraron los documentos requeridos. Finalmente, el p. López halló entre los libros de un vendedor de libros viejos, la copia de las Informaciones y las Peticiones realizada por Mons. Nicoselli.
A este inesperado hallazgo, López añadió un testimonio del Cabildo Vaticano sobre la coronación de la imagen que había concedido en 1740 a solicitud de Lorenzo Boturini (de quien hablaremos más adelante). La Congregación validó los documentos y expidió un decreto con fecha de 24 de Abril de 1754 donde se aprueba el Oficio y Misa propios, bajo la advocación de Guadalupe, y un mes más tarde Benedicto XIV expedía una bula pontificia confirmando el Patronato de la Guadalupana sobre la Nueva España.


-Los principales guadalupanos de Nueva España:

Aquí voy a exponer algunos breves datos sobre distintos personajes importantes en la Historiografía Guadalupana, a lo largo de la época Colonial:

Fernando de Alva Ixtlilxóchitl.- Historiador mestizo (más español que indio), nacido en 1578 y muerto en 1650, por parte materna descendía de Ixtlilxóchitl, el rebelde texcocano que ayudó a Cortés en la Conquista, y entre sus antepasados estaba también Netzahualcóyotl, el rey poeta de Texcoco.
Es autor de varias obras históricas, entre ellas una Historia de la Nación Chichimeca y un Compendio histórico del reino de Texcoco. En sus obras le reprocha a Cortés y a los españoles haberse atribuido tanta gloria por la Conquista, dado que fueron realmente los indios aliados de Cortés quienes hicieron la Conquista.
Era bisnieto de Francisco Verdugo Quetzalmamalitzin, protagonista de un milagro atribuido a la Virgen de Guadalupe, y ese y otros más compiló Ixtlilxóchitl en el Nican Motecpana, relato complementario del Nican Mopohua, publicado hasta 1649 en el In Huey Tlamahuizoltica de Lasso de la Vega. Boturini le atribuye también una relación en castellano sobre la Aparición Guadalupana. [3]


Francisco de Florencia.- Nacido en 1620 en la Florida española y muerto en México en 1695. Ingresó a la Compañía de Jesús en 1643, y posteriormente fue profesor de Filosofía y Teología en varios colegios jesuitas. Escribió varias obras históricas, de las cuales la más importante es la Historia de la Provincia de la Compañía de Jesús de Nueva España, cuyo primer tomo fue impreso en 1694.
Devoto de la Virgen, escribió una obra llamada Zodiaco Mariano, donde, entre otras apariciones marianas, narra la de Guadalupe. Pero su obra guadalupana más destacada es la que lleva el larguísimo título de:

LA ESTRELLA DEL NORTE DE MéJICO, APARECIDA AL RAYAR EL DíA DE LA LUZ EVANGéLICA EN ESTE NUEVO MUNDO, EN LA CUMBRE DEL CERRO DE TEPEYACAC, ORILLA DEL MAR TEZCUCANO, A UN NATURAL RECIéN CONVERTIDO PINTADA TRES DíAS DESPUéS MILAGROSAMENTE EN SU TILMA O CAPA DE LIENZO DELANTE DEL OBISPO Y DE SU FAMILIA, EN SU CASA OBISPAL, PARA DAR LUZ EN LA FE A LOS INDIOS, PARA RUMBO CIERTO A LOS ESPAñOLES EN LA VIRTUD, PARA SERENIDAD DE LAS TEMPESTUOSAS INUNDACIONES DE LA LAGUNA.

en la cual habla extensamente del prodigio guadalupano, del relato tradicional, los milagros atribuidos a la intercesión de María de Guadalupe, de la expansión de su culto y de la gran devoción que inspiraba en el Virreinato.


Carlos de Sigüenza y Góngora.- Uno de los mayores eruditos de su época, a nivel mundial, nació en la ciudad de México en 1645 y murió allí en 1700. Ingresó antes de los 15 años en la Compañía de Jesús, haciendo votos simples en 1662. Abandonó la Compañía y fue ordenado sacerdote por el Arzobispado de México en 1672, sucediendo a Luis Becerra Tanco en la cátedra de Matemáticas y Astrología. Erudito astrónomo, químico y cosmógrafo, colaboró con el virrey Gaspar Silva y Mendoza en un plan para defender el golfo de México contra las incursiones de corsarios franceses.
Recibió de Juan de Alva todos los documentos y el encargo del testamento de Fernando de Alva Ixtlilxóchitl. Así Sigüenza tuvo en su poder el Nican Mopohua, el Nican Motecpana, y con esos datos pudo hacer un juramento en su libro Piedad Heroyca de D. Fernando Cortés (de 1690), donde da fe de que el autor del Nican Mopohua es el indio Antonio Valeriano.
Ferviente guadalupano, dedicó a la Guadalupana sus poemas Primavera Indiana (1680) y Las Glorias de Querétaro (1680).


Cayetano Cabrera y Quintero.- Nacido en México en 1698 y fallecido probablemente en 1775. Fue doctor por la Real y Pontificia Universidad de México en 1730, donde posteriormente fue profesor de Derecho civil y canónico. Escribió una Gramática Náhuatl, en 1741 El Patronato disputado y en 1746 su obra más importante, Escudo de Armas de México: celestial protección de esta nobilísima Ciudad, de la Nueva España y de casi todo el Nuevo Mundo, María Santísima, en su portentosa imagen del Mexicano Guadalupe, milagrosamente aparecida en el palacio arzobispal el año de 1531, y jurada su principal patrona el pasado de 1737.

En su extensa obra liga el desarrollo de México al fenómeno y al culto guadalupanos, bien escrita y bien informada.


Lorenzo Boturini Benaducci.- él sí que es un personaje de primer nivel en la Historiografía Guadalupana. En este artículo no me extenderé mucho sobre él, sino que espero realizar una semblanza más amplia en un capítulo correspondiente.

Por ahora nos limitaremos a lo principal: Boturini nació en 1702 en Sondrio, población de Milán, Italia, y murió en Madrid hacia 1755. De España pasó a México, a donde llegó en 1736, y ahí le tocó visitar el santuario del Tepeyac. En pocas palabras, le pasó lo que a mi, se enamoró del Acontecimiento Guadalupano, y se dedicó de cuerpo entero a promover el culto y la coronación de la Guadalupana, además de recorrer muchas zonas de Nueva España reuniendo documentos, códices, papeles, testimonios, sobre la Virgen de Guadalupe y sobre la cultura prehispánica.
Formó una valiosa colección de documentos antiguos, y obtuvo de Roma una concesión de coronación a la Virgen de Guadalupe en 1738, y en 1742 volvió a México, pero fue detenido por las autoridades virreinales, se le confiscó su colección y se le envió a Europa, donde fue reivindicado y nombrado Cronista de Indias. Parte de su colección se perdió, y otra parte se dispersó por Europa. No obstante, con los datos que todavía tenía, Boturini pudo escribir obras como Idea de una nueva historia general de la América Septentrional (1749), dentro de la cual incluye el Catálogo del Museo Indiano, en el cual enlista los documentos guadalupanos que poseyó y otros de los cuales tuvo noticia.
Su aportación a la Historiografía Guadalupana es muy valiosa, pues muchos de sus documentos provienen de una búsqueda exhaustiva, muchas veces a pie, por territorio mexicano, que no cualquiera hubiera hecho.


Francisco de Castro.- Este madrileño es autor del poema más extenso dedicado a la Virgen de Guadalupe. Nacido en 1618 y fallecido en 1687, pasó a la Nueva España, y en 1642 ingresó en la Compañía de Jesús, recibiendo ordenación sacerdotal. En 1653 anduvo por las misiones de Sinaloa. Enseñó Gramática en Guadalajara y en 1662 en el Colegio Máximo de México.
Aparentemente en los últimos años de su vida padeció de sus facultades mentales, ante lo cual resulta admirable que haya podido, pese a ello, redactar un poema como La Octava Maravilla, que es su obra maestra, y la poesía guadalupana más extensa. Su obra ha sido comentada por Sor Juana Inés de la Cruz, Cayetano Cabrera y Quintero, José Ignacio Bartolache, Francisco Javier Conde y Oquendo y Alfonso Méndez Plancarte.


Bernardo Ceinos de Riofrío.- Doctor en Sagrados Cánones por la Universidad de México, abogado de la Real Audiencia, fue en 1687 Tesorero de Michoacán y luego Maestrescuelas, falleciendo en 1700.
Fue un gran devoto de la Reina de Guadalupe, en cuyo honor compuso un poema latino de Centones de Virgilio, de más de trescientos heroicos o hexámetros, titulado Centonicum Virgilianum monimentum mirabilis Apparitionis Purissimae Virginis Mariae de Guadalupe, extramuros Civitatis Mexicanae; auctore Lic. D. Bernardo de Riofrío Michoacanensis Ecclesiae Canonico Doctorali, en el cual habla de Carlos V, Cortés, el invierno, el Tepeyac, el "Pocito" y el custodio de la imagen (en ese momento), el arzobispo de México Fray Payo Enríquez de Rivera.
Otras obras de Ceinos de Riofrío son una Defensa jurídica del Venerable Deán y Cabildo de la Santa Iglesia de Michoacán, y Disertación legal por la Santa Iglesia de Valladolid de Michoacán sobre ampliar y no restringir una Cédula dada en favor de su Fábrica material.




La Independencia de México

Estandarte que Hidalgo tomó en Atotonilco,
y bajo el cual inició la Independencia de México




-Los antecedentes históricos de la Independencia:

Para entrar en el tema, sepamos primero qué condiciones favorecieron la Independencia de México. La más importante, sin duda, fue el declive del poder político y militar de España. Ya en el mismo Siglo XVI, el de la Conquista, España empezó a manifestar síntomas poco notorios, pero definitivamente claros de que su figura de primera potencia mundial no duraría mucho tiempo. El triunfo glorioso de Felipe II contra franceses y turcos fue opacado en 1588 con su derrota marítima frente a la reina Isabel de Inglaterra.

La Guerra de los Treinta Años fue también un duro golpe para España, donde perdió su dominio sobre Portugal, y con la Paz de Westfalia (1648) perdía también los Países Bajos, por lo cual pasó a ser un estado de segundo orden.
Posteriormente, vino la Guerra de Sucesión Española (1702-1713) al morir sin herederos Carlos II, en 1700. España seguía siendo un imperio vasto, con colonias en ultramar, que despertaron el apetito de otras potencias. Después de una desgastante guerra, salió triunfadora Francia, y el rey Luis XIV puso en el trono a su nieto Felipe V. Esta guerra evidenció que España ya no controlaba independientemente su política.

Otro factor que colaboró en fomentar la Independencia fue la injusta expulsión de los Jesuitas de Nueva España (decretada en 1767), y que trajo consigo el descontento de los indios evangelizados por los jesuitas, quienes empezaron a utilizar comúnmente, y con desprecio, la palabra gachupín, y significó ya fricción armada de los criollos contra los españoles, ya que en San Luis Potosí, en Guanajuato y en Michoacán, la población se alzó en defensa de los jesuitas, y el visitador Gálvez tuvo que emplear la fuerza para hacer cumplir el decreto.

Influyó también la Independencia de las 13 colonias inglesas de Norteamérica, cuya proclamación fue redactada por Thomas Jefferson en 1776, y demostraba a los criollos hispanoamericanos que independizarse de Europa era posible, y si aquellos se habían independizado de la poderosa Inglaterra, ¿Qué trabajo les costaba a ellos independizarse de la decadente España?
Fue también importante la Revolución Francesa de 1789, que exportó a todas partes ideas antimonárquicas y liberales, mismas que iban a influir más a la larga en México, dado el carácter anticlerical que tuvo la Revolución en Francia.

Más todavía, en 1808 Napoleón Bonaparte invadió la Península Ibérica y destronó a Fernando VII, ocasionando una guerra de guerrillas de los españoles contra el invasor, y por lo tanto, buena ocasión para los americanos, ahora que España estaba en guerra. El mismo virrey, José de Iturrigaray, inició una serie de movimientos políticos que tendían a la autonomía de la Nueva España. Por esto, los españoles peninsulares lo arrestaron y lo enviaron a España, pero eso sólo sirvió para irritar a los criollos y avivar la animosidad que sentían hacia España. En esos últimos dos años de paz (1808-1810), numerosos círculos de criollos se reunían para tramar cómo separarse del gobierno español.
Uno de esos grupos conspiradores de reunía en Querétaro, y ahí participaban el cura Miguel Hidalgo y Costilla, Ignacio Allende y los hermanos Juan e Ignacio Aldama.


-Bajo el Estandarte de Hidalgo:

Cuando las autoridades virreinales descubrieron a los Conspiradores de Querétaro, doña Josefa Ortiz de Domínguez puso sobre aviso a los mismos, y éstos se reunieron el 15 de septiembre de 1810 en el pequeño pueblo de Dolores, Guanajuato, donde era párroco Miguel Hidalgo.
En medio de la discusión, en la madrugada del 16 de septiembre, Hidalgo se levantó y les dijo a sus compañeros: "Caballeros, estamos perdidos, no nos queda más recurso que ir a coger gachupines". Y a las cinco de la mañana, Hidalgo arengó a la multitud que venía a Dolores a oír misa, hablando de quitar al mal gobierno español que quería entregar España y sus colonias a los franceses, aunque se echaron vivas a Fernando VII y no se habló de separarse de la Península.
Con un ejército de unos 600 hombres, Hidalgo tomó el camino de San Miguel el Grande, hacia el Sur. El ejército se detuvo en la hacienda de Atotonilco, y en la iglesia de la hacienda, Hidalgo tomó un estandarte de la Virgen de Guadalupe, fijándolo en un asta y enarbolando a la Guadalupana como emblema de su revuelta. Esto se lo han criticado muchos guadalupanos, por ser una mezcla de religión con política, y también es cierto que ese símbolo, tan amado y respetado por los criollos y los indios, los agrupó con más fuerza. Por la noche Hidalgo y su tropa, ya de 5 mil hombres, entraban en San Miguel echando vivas a la Virgen de Guadalupe y mueras a los "gachupines" (españoles).

No es mi intención extenderme demasiado sobre los detalles de la Guerra de Independencia, así que haré un somero resumen de la misma. Hidalgo tomó San Miguel, tomó Celaya y luego por la fuerza entró a Guanajuato, donde ocurrió un terrible saqueo por parte de los insurgentes. Entró también a Valladolid, y posteriormente tomó el camino de Toluca para llegar a la ciudad de México. El virrey Francisco Javier Venegas envió contra él un ejército realista mandado por Torcuato Trujillo, quien chocó con los insurgentes en Monte de las Cruces. El resultado fue incierto, y aunque la Historia Oficial asigna la victoria a los insurgentes, lo cierto es que técnicamente fue un empate, Trujillo regresó a México, pero Hidalgo no avanzó más, y marchó hacia Querétaro.

Para entonces ya venía desde el norte el general Félix María Calleja del Rey, comandante de las guarniciones de San Luis, quien con 14 mil hombres se dirigió a enfrentarse a los insurgentes, haciendo contacto con ellos el 6 de noviembre de 1810 en Aculco, y a pesar de la superioridad numérica de los insurgentes, la disciplina del ejército regular español se impuso, y Calleja derrotó aplastantemente a Hidalgo. Esa derrota provocó la separación de Hidalgo y Allende, el primero se dirigió a Valladolid y el segundo a Guanajuato.

Calleja, sin embargo, no les dio cuartel, derrotó a Allende y lo echó de Guanajuato, mientras Hidalgo abandonaba Valladolid y se refugiaba en Guadalajara. Calleja decidió buscar a los insurgentes y obligarlos a combatir, y a marchas forzadas llegó a Puente de Calderón, a unas millas al norte de Guadalajara. El 10 de enero de 1811 se enfrentaron nuevamente realistas e insurgentes, donde nuevamente los realistas eran inferiores en número, pero se movieron con gran rapidez, desconcertando a los insurgentes, e incendiandóles su depósito de municiones. La Batalla de Puente de Calderón acabó con una desastrosa derrota para los insurgentes.

En Zacatecas se reunieron los jefes insurgentes, quienes huyeron hacia el Norte, hacia los Estados Unidos, con dos planes, refugiarse allá o comprar armas y municiones para regresar. Al pasar por Acatita de Baján, en Chihuahua, el teniente-coronel Ignacio Elizondo los apresó uno por uno, y fueron llevados a Chihuahua, donde un Consejo de Guerra los sentenció al paredón, y fueron fusilados Hidalgo, Allende, Aldama y Mariano Jiménez en Chihuahua, en julio de 1811.


-Morelos Guadalupano:

Muertos Hidalgo y sus lugartenientes, la lucha siguió; esta vez acaudillada por el párroco de Carácuaro Michoacán, don José María Morelos y Pavón. Morelos fue mucho mejor táctico que Hidalgo, y su figura es de las más brillantes de la Historia de México. (él, Iturbide, y Emiliano Zapata son los tres personajes históricos de México que más admiro). Su nombre lo lleva la capital michoacana, Morelia, y un estado de la República. Escuelas, calles, colonias, plazas, mercados, a lo largo del país ostentan su nombre. A él podríamos llamarlo con justicia, "El más guadalupano de los insurgentes".
Su guadalupanismo destaca por todas partes, y su fe en Cristo y en la Inmaculada se manifiesta a lo largo de su campaña por la Independencia de México.
Sitiado en Cuautla por el ejército realista de Calleja, Morelos rompió el sitio en Mayo de 1812, y el 24 de noviembre del mismo año entraba en Oaxaca. El caudillo atribuye este triunfo a la Virgen de Guadalupe, como se lee en el oficio que envió a don Ignacio López Rayón, firmado en su cuartel general de Oaxaca el 1 de diciembre de 1812:

"El 25 del inmediato noviembre pensé entrar en Oajaca y entré con pérdida de doce hombres; la acción no se me debe a mí, sino a la Emperadora Guadalupana, como todas las demás" [4]

En el manifiesto titulado Desengaño de la América y traición descubierta de los europeos, asienta Morelos en 1812 lo siguiente:

"Espera (la América), más que en sus propias fuerzas, en el poder de Dios e intercesión de su Santísima Madre, que en su portentosa imagen de Guadalupe, aparecida en las montañas del Tepeyac para nuestro consuelo y defensa, visiblemente nos protege. Espera que esta soberana Reina del Empíreo, castigará vuestra insolencia y perfidia inaudita, con que se está viendo ultrajada... Espera que sus hijos arrancarán de vuestras manos cuanto habéis robado a Dios y a su Iglesia". (Tomo I, p. 137)

En las tropas de Morelos se tuvo por santo y seña a la Virgen de Guadalupe. Así se lee en el parte de don Juan Antonio Fuentes, fecha 6 de diciembre de 1810, al gobernador interino de Acapulco, don Antonio Carreño, sobre el ataque dado por Morelos a dicha plaza:

"... y visto que no hacían movimiento, creí ser enemigos, por cuya razón en voz alta les pregunté ¿Quién vive? A lo que con algazara respondieron ¡La Virgen de Guadalupe! Me retiré para la línea y mandé inmediatamente romper el fuego..." (Ibid. Tomo II, p. 79)

Pero la devoción guadalupana de Morelos tiene su máxima expresión en un bando, donde manifiesta su sentir, su identificación de la Patria y de la Patrona de México:

"Don José María Morelos, Capitán General de los Ejércitos Americanos y Vocal de la Suprema Junta Nacional Gubernativa del Reino, etc., etc.
Por los singulares, especiales e innumerables favores que debemos a María Santísima en su milagrosa imagen de Guadalupe, patrona, defensora y distinguida emperatriz de este reino, estamos obligados a tributarle todo culto y adoración, manifestando nuestro reconocimiento, nuestra devoción y confianza; y siendo su protección en la actual guerra tan visible que nadie puede disputarla a nuestra nación, debe ser visiblemente honrada y reconocida por todo americano.
Por tanto, mando que en todos los pueblos del reino, especialmente los del Sud de esta América Septentrional, se continúe la devoción de celebrar una misa el día 12 de cada mes, en honra y gloria de la Santísima Virgen de Guadalupe, y en todos los pueblos en que no hubiere cofradía o devoto que exhiba la limosna, se sacará ésta de las cajas nacionales; y en las divisiones de nuestro ejército será obligación de los capellanes sin percepción de limosna y en donde hubiere muchos capellanes le tocará al que entrare de semana.
En el mismo día 12 de cada mes deberán los vecinos de los pueblos exponer la Santísima Imagen de Guadalupe en las puertas o balcones de sus casas sobre un lienzo decente, y cuando no tengan imagen colgarán el lienzo mientras la solicitan de donde las hay, añadiendo arder las luces que según sus facultades y ardiente devoción les proporcione.
Y por cuanto no todos se pueden manifestar de este modo, deberá todo hombre generalmente de diez años arriba, traer en el sombrero la cucarda de los colores nacionales, esto es, de azul y blanco, y una divisa de listón, cinta, lienzo o papel, en que declarará ser devoto de la Santísima Imagen de Guadalupe, soldado y defensor de su culto, y al mismo tiempo defensor de la religión y su patria contra las naciones extranjeras que pretenden oprimir a la nuestra, como lo son a la presente la nación española y la francesa.
Y para que esta disposición obligatoria tenga su debido cumplimiento, mando a todos los jueces militares y políticos, ruego y encargo a todos los prelados eclesiásticos, cuiden y celen con todas sus fuerzas, a fin de que los súbditos logren tan santos fines, reservando declarar por indevoto y traidor a la nación al individuo que, reconvenido por tercera vez, no usare de la cucarda nacional o no diere culto a la Santísima Virgen, pudiendo.
Y para que llegue la noticia a todos y nadie alegue ignorancia, mando se publique por bando en las provincias de Teipan, Oajaca y siguientes del reino.
Dado en el Cuartel General de Ometepec, a los once días de marzo de 1813.- José María Morelos.- Por mandato de Su Excelencia, José Lucas Marín, Prosecretario" (Ibid. Tomo I, p. 154)


Una fotografía del bando fue publicada por el p. Mariano Cuevas en el Álbum Histórico Guadalupano del IV Centenario, y también he tenido ocasión de verlo en cuadro, en la Biblioteca Teológica Boturini, es decir, la Biblioteca de la Basílica de Guadalupe, en la sala de lectura.

Morelos pasó por victorias y derrotas, y finalmente fue hecho prisionero en Tezmalaca, el 3 de noviembre de 1815. Al igual que Hidalgo, fue degradado de su condición eclesiástica y condenado a ser fusilado en San Cristóbal Ecatepec, 20 millas al norte de México.
En el camino a Ecatepec, el carro en el que iba pasó frente al Santuario del Tepeyac, y Morelos saludó reverentemente a la Guadalupana, inclinando la cabeza. Era 22 de Diciembre cuando Morelos, Siervo de la Nación, fue fusilado, y la lucha por la Independencia aun iba a durar seis años más.


-Agustín de Iturbide consuma la Independencia:

En los cinco años que siguieron a la muerte de Morelos, el movimiento insurgente se extinguió casi por completo. Sólo en las montañas del sur estaba Vicente Guerrero, en la sierra inexpugnable donde los realistas no podían atraparlo, pero precisamente por eso, su movimiento era de escasa importancia y en la práctica, eran inofensivos.
Guerrero no iba a poder nunca consumar la Independencia de México, y los criollos del resto del país también empezaban a desistir de la empresa, pero los sucesos acaecidos en España iban a cambiar la situación.
En 1820 el coronel Rafael Riego se levantó en armas y con sus tropas se dirigió a Madrid, en abierta rebelión contra Fernando VII. En medio de un ambiente altamente invadido por la masonería y las sociedades secretas, Fernando VII tuvo que jurar la Constitución de Cádiz de 1812, y bajo la influencia de muchos extremistas hubo persecución enconada contra todas las órdenes religiosas en España y México.
Como resultado de ello, en México se reunió un grupo de hombres prominentes en casa del doctor Matías Monteagudo, y ahí se fraguó el Plan de La Profesa, que, al igual que Hidalgo, arguía que por el momento no había autoridad real, pues Fernando VII había jurado por la fuerza la Constitución con sus cláusulas antirreligiosas. Mientras el rey estuviera en esa situación, pensaron, la Nueva España debía ponerse en manos del virrey Juan Ruiz de Apodaca, quien gobernaría a México con el código antiguo de las Leyes de Indias. Para esto se necesitaba un ejecutor, un hombre con tropas, capaz y popular, y el más indicado para ello era el coronel Agustín de Iturbide.

Iturbide había nacido en Michoacán en 1783, estudió en el Seminario y después entró al Ejército. Rehusó una propuesta que le hizo Hidalgo en 1810 de unírsele, y posteriormente infligió una dura derrota a Morelos el 24 de diciembre de 1813, al sur de Valladolid. Enemigo de la anarquía, ahora pensaba en la Independencia de una España dominada por el liberalismo y el anticlericalismo masónico. El virrey Apodaca habló con él exponiéndole la situación del rey Fernando VII, e Iturbide decidió esperar un poco más.

Pero en mayo de 1820 llegó a Veracruz un sobre oficial enviado de España con la Constitución de Cádiz; el gobernador de Veracruz José Dávila, presionado por los comerciantes españoles y ante la amenaza de un motín, juró la Constitución. El virrey Apodaca temió que le ocurriera lo mismo, y la juró en México. Eso significó nuevamente expulsar a los jesuitas, pero ahora también a los belemitas, educadores, a los hipólitos, que cuidaban locos, y a los juaninos, que tenían hospitales de caridad. [5]
La población se irritó sobremanera con estas medidas, inclusive (añade Alamán), los jesuitas de Puebla salieron de noche, para evitar escándalos, pues la población había advertido que iban a defenderlos si los expulsaban. El mismo Apodaca se vio obligado a moderar las cláusulas antirreligiosas de la Constitución, aunque no sabía por cuanto tiempo los mexicanos iban a aguantar la situación.

Aquel era el momento propicio para Iturbide, quien supo aprovecharlo, tomó sus hombres, pidió dinero y armas al Virrey, y se dirigió al Sur a buscar a Guerrero, a quien finalmente convenció de unírsele. El 24 de febrero de 1821 Iturbide proclamaba el Plan de Iguala, que establecía la Independencia de México de España, trato igual para criollos y peninsulares, protección para la religión católica y la salvaguardia de las garantías personales de todos por el ejército. El ejército conjunto de Iturbide y Guerrero vino a llamarse Ejército Trigarante.
El virrey Apodaca comprendió que le había salido el tiro por la culata, e hizo todo lo posible por disuadir a Iturbide de su plan; pero Iturbide fue aclamado por el país en masa, y de todas partes acudieron a unírsele jefes insurgentes y criollos, entre ellos un oficial de Morelos llamado Félix Fernández, que se había cambiado el nombre a Guadalupe Victoria, en honor a la Virgen de Guadalupe. [6]

La francmasonería se oponía a la Independencia propuesta por el Plan de Iguala, y cifraba sus esperanzas en la Constitución de Cádiz. Dado que Apodaca no podía contener el avance y crecimiento del Ejército Trigarante, las logias decidieron destituirlo, y el 5 de Julio fue arrestado y enviado a España.
El nuevo virrey, Francisco Novella, contaba con 5 mil hombres para defender México, cuando ya Iturbide la tenía casi rodeada. 300 años antes, en el mismo sitio, los españoles habían conquistado la capital azteca, y ahora la defendían como su último baluarte.

El 30 de Julio llegó a Veracruz don Juan de OŽDonoju, nombrado virrey por las cortes españolas, y al enterarse de la situación, optó por pactar con Iturbide, ante la estupefacción de Novella, y el 24 de agosto de 1821 Iturbide, sus lugartenientes, y OŽDonoju, firmaban los Tratados de Córdoba, por los cuales el virrey reconocía el Plan de Iguala y la Independencia de México.
El 27 de septiembre, el Ejército Trigarante, con Iturbide y Guerrero a la cabeza, entraba en la ciudad de México, en medio de ovaciones y júbilo de la multitud: La Independencia de México era un hecho consumado.

Proclamado emperador en 1822, Iturbide fundó la Orden de Guadalupe, disolvió el Congreso y formó una Junta Constituyente, pues el Plan de Iguala establecía monarquía constitucional. Lo que faltaba era la Constitución. Posteriormente se rebeló en su contra el general Antonio López de Santa Anna, con el Plan de Casa Mata, al que se adhirieron Guadalupe Victoria, Vicente Guerrero y Nicolás Bravo.
Aunque el imperio se tambaleaba, Iturbide derrotó a los rebeldes varias veces, y reinstaló el Congreso que le pedían, pero eso no detuvo la rebelión, y entonces Iturbide, para evitar más derramamiento de sangre, optó por abdicar el 19 de marzo de 1823, saliendo del país con rumbo a Italia. Antes de irse, acudió al santuario del Tepeyac, a depositar a los pies de la Guadalupana su bastón de Generalísimo.

El fin de Iturbide fue triste. De Italia pasó a Londres, donde supo que España planeaba una expedición de reconquista contra México, y hasta le ofrecieron el mando del ejército invasor. Iturbide rehusó y corrió a México a ofrecer su espada para defender el país. Desembarcó en Soto la Marina en 1824, pero el Congreso lo había declarado traidor a la patria, y fue arrestado y fusilado en Padilla, Tamaulipas, el 19 de Julio de 1824, protestando su inocencia y afirmando serenamente que no era un traidor.
Sus restos reposan en la Catedral de México, donde una inscripción da fe del homenaje que le debe el pueblo de México a su Libertador: AGUSTíN DE ITURBIDE.- AUTOR DE LA INDEPENDENCIA MEXICANA.-COMPATRIOTA, LLóRALO; PASAJERO, ADMíRALO.- ESTE MONUMENTO GUARDA LAS CENIZAS DE UN HéROE.- SU ALMA DESCANSA EN EL SENO DE DIOS.


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Referencias

[1] Dice Miguel Sánchez en su obra Imagen de la Virgen María Madre de Dios de Guadalupe:

"Determinado, gustoso y diligente, busqué papeles y escritos tocantes a la santa imagen y su milagro, no los hallé, aunque recorrí los archivos donde podían guardarse, supe que por accidentes del tiempo y ocasiones se habían perdido los que hubo. Apelé a la providencia de la curiosidad de los antiguos, en que hallé unos, bastantes a la verdad, y no contento los examiné en todas sus circunstancias, ya confrontando las crónicas de la conquista, ya informándome de las más antiguas personas y fidedignas de la ciudad, ya buscando los dueños que decían ser originarios de esos papeles, y confieso que aunque todo me hubiera faltado, no había de desistir de mi propósito, cuando tenía de mi parte el derecho común, grave y venerado de la tradición, en aqueste milagro antigua, conforme y general."

Estas ambiguas palabras por lo menos demuestran que Sánchez reconoce no ser el autor de la historia, sino haberse basado para ello en unos papeles "bastantes a la verdad", y en la tradición que corría.


[2] El propio Sánchez publica la carta de Lasso, quien escribe:

"Yo y todos mis antecesores, hemos sido Adanes dormidos poseyendo a esta Eva segunda en el paraíso de su Guadalupe Mexicano, entre las milagrosas flores que la pintaron, y en sus fragancias siempre la contemplábamos admirados. Mas ahora me ha cabido ser el Adán que ha despertado para que la vea en estampa y relación de su historia, formada, compuesta y compartida en lo prodigioso del milagro..."

Si siempre la habían contemplado admirados, entre las milagrosas flores que la pintaron, evidentemente tenían que SABER del prodigio de las flores. Lo que asombra a Lasso es la historia ordenada y estructurada por Sánchez, y "en los misterios que su pintura significa", esto es, la visión de San Juan en Apocalipsis.


[3] Boturini asienta, en el número 6 del párrafo XXXV del Catálogo de Obras Guadalupanas:
"6. También, por dichos fragmentos, descubrí otro manuscrito de la misma Historia de Guadalupe, en lengua castellana; su autor don Fernando de Alva Ixtlilxóchitl, cuya letra conozco, el que ando buscando con las mayores diligencias."


[4] Alfonso Junco, Un Siglo de Méjico, de Hidalgo a Carranza, p. 29. El autor cita dos volúmenes publicados en 1927 por la Secretaría de Educación Pública con el título Morelos. Documentos inéditos y poco conocidos.


[5] Da testimonio de ello don Lucas Alamán, en el tomo V p. 29 de su Historia de Méjico. Alamán conoció personalmente a Agustín de Iturbide y al virrey Apodaca.


[6] Guadalupe Victoria se rebeló posteriormente contra Iturbide, y a la caída de éste, formó parte del triunvirato ejecutivo. Fue elegido como primer presidente de la República Mexicana por el Congreso Constituyente, el 10 de octubre de 1824. Su incapacidad permitió que Joel R. Poinsett empezara a influir en la política mexicana, dando entrada a las logias yorkinas y propiciando un liberalismo anticatólico.

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Bibliografía:



ALAMáN Lucas, Historia de Méjico, Edit. JUS, 3a. Ed. de JUS, 1972

CUEVAS Mariano, Historia de la Nación Mexicana, Edit. Porrúa, 3a. Ed. 1967

GONZáLEZ Y GONZáLEZ Luis, Álbum de Historia de México del Concurso patrocinado por Bancomer, Edit. Clío, 2a. Ed. 1997

JUNCO Alfonso, Un Siglo de Méjico, de Hidalgo a Carranza, Edit. JUS, 6a. Ed. 1971

LÓPEZ BELTRÁN Lauro, Cuestionario guadalupano, Edit. Tradición 1973

MAZA, Francisco de la, El Guadalupanismo Mexicano, Fondo de Cultura Económica, 1a. Ed. en Lecturas Mexicanas, 1984

PEñALOSA Joaquín Antonio, Flor y Canto de Poesía Guadalupana, Edit. JUS, 1a. Ed. 1987

SALMERóN Celerino, En defensa de Iturbide, Edit. Tradición, 1974

SáNCHEZ, Miguel, Imagen de Santa María Madre de Dios de Guadalupe en Testimonios Históricos Guadalupanos

SCHLARMAN Joseph H.L., México Tierra de Volcanes, de Hernán Cortés a Miguel Alemán, Edit. Porrúa, 7a. Ed. 1965

TORRE VILLAR, Ernesto de la, y NAVARRO DE ANDA Ramiro, Testimonios Históricos Guadalupanos, Fondo de Cultura Económica, 1a. Ed. 2a. Reimpresión, 2004